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¿De verdad es tan importante desayunar?

Durante mucho tiempo creímos que sí y, de hecho, escuchamos sin cesar el mantra de que el desayuno es la comida más importante del día. Pero investigaciones recientes aseguran que la realidad es otra, y desmienten este y otros mitos.

El desayuno ha pasado de ser la comida más importante del día a ser prescindible (y la más polémica, seguramente). Una revisión de estudios sobre el efecto del desayuno en el control de peso publicada hace unos días en el diario científico BMJ afirma que no tiene nada de especial y que la estrategia tan común de incluir el desayuno en el plan de pérdida de peso incluso podría tener el efecto contrario.

Las desventajas de saltarse el desayuno quedan desmentidas en la revisión sistemática y el meta-análisis de 11 estudios recién publicados. “Las conclusiones son parecidas a las de otros estudios (largamente ignorados) que indican que no hay pruebas que apoyen las afirmaciones de que saltarse el desayuno te hará engordar”, señala la pieza de opinión que acompaña el estudio. “De hecho, hay pruebas razonables que sugieren que saltarse el desayuno puede ser, de hecho, una estrategia razonable para perder peso”.

Lo importante no es cuándo comemos la comida principal del día, ya sea el desayuno, la comida o la cena, sino en el total de calorías que ingerimos. Si tienes hambre, adelante, no debes cambiar (siempre que tu desayuno sea saludable). Pero muchas personas se levantan sin hambre y aun así desayunan porque “deben” hacerlo.

Las razones por las que esta suposición de que el desayuno es fundamental se han mantenido hasta ahora se explican (además de la publicidad imbatible de galletas y cereales) por sus vínculos con las creencias tradicionales sobre nutrición, que indican que es mejor comer poco y a menudo que darse un atracón y obligar al cuerpo a digerir grandes comidas, especialmente más tarde en el día, cuando la tasa metabólica es más baja. Esto se basa, según este estudio, en muchos estudios en animales pequeños y muy pocos y de corto plazo en humanos.

El concepto de que sobrecompensamos más tarde en el día si nos saltamos el desayuno es correcto. Es decir, la gente que no desayuna efectivamente come más, pero no tanto como para compensar las calorías que no ingirió en el desayuno.

Hay un grupo de personas para los cuales el desayuno es, efectivamente, una comida vital: los atletas. Conducir o caminar a la oficina (aunque puede suponer un esfuerzo mental considerable) no consume las suficientes calorías como para hacer que el desayuno sea absolutamente necesario si no tienes hambre. Pero si te estás entrenando para correr una maratón (u otro reto físico) comer un buen desayuno te ayudará a llenar el depósito, vacío tras el ayuno de la noche.

Un niño o adolescente con buen estado de salud (y que haya cenado bien el día anterior) puede apañárselas bien en ayunas hasta que llegue la hora del almuerzo. Este artículo da un buen repaso a la evidencia científica actual sobre el asunto.

Tal y como les ocurre a los adultos, muchos niños no tienen hambre a primera hora. Es mejor mandarlos al colegio con una pieza de comida saludable en la mochila para el recreo (una fruta o frutos secos, un sándwich de pan integral, por ejemplo) que recurrir a alimentos procesados como la bollería industrial, la leche con cacao o los cereales con azúcar.